Qué es el instinto maternal y por qué probablemente no existe en los seres humanos

Muchos creen que el instinto maternal le dicta a una mamá cómo debe de tratar a su hijo, e incluso que forma la noción del “reloj biológico”, debido al cual en las mujeres a una determinada edad se despierta el deseo de tener hijos. Por un lado, últimamente se ha cuestionado que las personas tengan instintos y, por otro lado, se ha declarado que los papás, incluyendo a los padres adoptivos, pueden mostrar más amor y afecto hacia un niño en comparación con su madre biológica.

Ideas en 5 minutos te invita a familiarizarte con diferentes opiniones para comprender qué es el instinto maternal y para qué existe en realidad.

¿Instinto o reflejo?

Por lo general, la palabra “instinto” se refiere a un comportamiento complejo de un ser vivo que se lleva a cabo en una determinada situación y actúa basándose en habilidades innatas o adquiridas. Por ejemplo, cuando el cascarón de las tortugas marinas eclosiona y salen de él, por instinto comienzan a moverse hacia el océano. Ellas no son conscientes de hacia dónde y para qué se mueven. En otras palabras, el instinto activa un “programa automático” que siguen de forma inconsciente.

A menudo, el instinto suele confundirse con el reflejo. El reflejo es una reacción más sencilla y, en esencia, incontrolable del organismo ante un estímulo concreto. Por ejemplo, la pupila de nuestro ojo se contrae al ver una luz brillante y es algo que no podemos controlar por mucho que queramos.

Cuando hablamos del instinto maternal, en la mayoría de los casos nos referimos a un comportamiento complejo que se forma a partir de habilidades innatas o adquiridas, las cuales son algo propio de la mamá hacia sus hijos y se suele manifestar en respuesta a sus conductas y reacciones. La ciencia moderna nos ha dado la oportunidad de estudiar con más detalle esta cuestión. Hoy en día ofrece analizar este concepto desde un ángulo completamente diferente, e incluso rechazarlo.

Qué une a un padre con su hijo

En el mundo animal, las hembras de los mamíferos se comportan de una determinada forma al interactuar con sus propias crías. Pero al mismo tiempo, no todas las hembras que tienen una cría están dispuestas a dedicarse a ella. Al investigar las razones de esto, se logró averiguar que el comportamiento de la hembra se determina por la liberación de la hormona oxitocina. Esta hormona obliga a la hembra a reaccionar ante los estímulos de sus crías. Como resultado, el vínculo con sus crías se fortalece paulatinamente y surge el afecto. Se prevé que si por alguna razón no hay liberación de oxitocina, entonces no surgirá el afecto. Eso explica por qué, incluso en la naturaleza, una mamá puede negarse a cuidar de sus crías que ha cargado en su vientre y ha dado a luz.

Anteriormente se creía que la oxitocina se liberaba solo en el organismo de la mamá. En primera instancia, durante el parto y la lactancia. Actualmente sabemos que este hecho también se produce en los padres biológicosadoptivos. Y asumimos que la interacción con un niño pequeño es suficiente para la liberación de la hormona. De esta forma, se origina y comienza a surgir el amor paternal, en particular, en el mundo animal. Además, es capaz de unir a miembros de especies completamente diferentes.

Resulta que el vínculo generado entre un hijo y un padre no entra en la definición de instinto maternal, el cual está biológicamente programado y es común en las mamás. En general, hasta este momento, la presencia de instintos en el ser humano es un tema controversial, dado que no existe algún patrón de conducta estricto que sea inherente a las personas desde el nacimiento, a diferencia de los animales. Al mismo tiempo, nosotros aún seguimos utilizando “programas automáticos” de conducta más sencillos, denominados reflejos.

La mayoría de los reflejos los aplicamos en la infancia, cuando el cerebro aún se está formando y gradualmente recopila información. Con el paso del tiempo, el cerebro comienza a controlar nuestro comportamiento y muchos reflejos desaparecen. Por ejemplo, si acaricias la palma de un pequeño, él intentará atrapar tu dedo con su mano. A esto se le denomina como el reflejo de prensión y es algo característico de los recién nacidos. Sin embargo, deja de manifestarse en los niños de un año. Por otro lado, la reacción de la pupila a la luz brillante se mantiene hasta la edad adulta.

La ausencia del instinto maternal también se explica debido a que no todas las personas demuestran amor paternal hacia sus hijos o en general no experimentan deseo por ser padres. Además, hoy en día es bien sabido que el afecto hacia otra persona es primario y el deseo por tener un hijo con esa persona entra en segundo plano. En otras palabras, no existe un instinto que nos obligue a acercarnos a una persona para tener hijos con ella. Aunque no se puede excluir que el fuerte deseo por tener un hijo, el cual se manifiesta en hombres y mujeres a determinada edad, también es un tipo de selección natural. Hasta hoy en día no se ha podido determinar si este deseo está relacionado con nuestros genes o es una consecuencia del comportamiento social. Al mismo tiempo, la ausencia de instinto maternal explica por qué la mamás no saben cómo tratar a su hijo y la mayoría de las veces actúan de forma aleatoria. Por lo tanto, no se debe hacer caso omiso a los cursos para padres jóvenes.

Para resumir, el concepto habitual de instinto maternal que todos conocemos, en realidad no existe.
En lugar de esto, se puede hablar acerca del especial vínculo cercano que surge entre padres e hijo como resultado de su interacción. Precisamente gracias a él se manifiesta el afecto y surge una mejor comprensión de las reacciones entre sí.

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