Cómo una mujer puede dejar de lidiar con los quehaceres de la casa por sí sola

Las relaciones interpersonales son una cosa compleja por sí misma. Y más aún cuando se suman los quehaceres domésticos. A menudo sucede que este peso recae sobre los hombros de la “dueña del hogar”.

En Ideas en 5 minutos compartiremos algunos consejos sobre cómo distribuir las responsabilidades en la casa y evitar dañar la relación.

Comunicarse

Hablar exactamente de lo que se espera de la pareja puede ser crucial. Es importante elegir el momento adecuado para ello: asegúrate de que ambos estén en un estado normal, que ninguno de los dos esté cansado o molesto.

Hay que tratar de prescindir de las acusaciones. Podría valer la pena aprender sobre el entorno en el que creció la pareja. Por ejemplo, si en su familia su madre realizaba todas las tareas del hogar, vale la pena esperar que intente reproducir este esquema.

Trata de explicar todo lo que haces y cómo te sientes. Si deliberadamente no limpias el baño, esperando a que tu pareja se dé cuenta de que está sucio y que hay que limpiarlo, es probable que te decepciones. Por lo tanto, hay que hablar de las responsabilidades: traten de distribuir las tareas para que nadie tenga que realizar una cantidad injustamente grande de ellas.

Hacer una lista de quehaceres

Hagan una lista de las cosas que deben hacerse durante el día, la semana y el mes. Discutan cada punto y entiendan cuáles son los más problemáticos para cada uno. Tal vez tu pareja no rechace algunas tareas en particular y no le importe en absoluto asumirlas. Si eres de esas personas para las que es importante que las toallas estén dobladas de una manera determinada, ya que, de lo contrario, se vuelven locas, entonces será más fácil para todos si lo haces tú misma.

Al establecer fechas límite, estén atentos el uno al otro. Por ejemplo, si eres tempranera y tu esposo es un búho, no deberías obligarlo a hacer las tareas del hogar en un momento incómodo para él. Esto solo creará tensión.

Conocer las prioridades de cada uno

Determina lo que realmente te importa. ¿Cómo te sientes con respecto al polvo, la limpieza del inodoro o el pago puntual de las facturas? Un poco de desorden en la casa no molesta a mucha gente, pero si alguien de la pareja se siente cómodo en una habitación sucia y el otro se pone molesto, ambos tendrán que transigir. Es más fácil establecer prioridades en lugar de intentar satisfacer completamente a todos.

Eliminar lo innecesario

Una vez que comprendas las prioridades, te darás cuenta de que no todas las tareas son iguales. Por ejemplo, si a ninguno le importa que las ventanas brillen perfectamente, pueden lavarlas con menos frecuencia. Si odias planchar, regala la ropa que requiere de un planchado constante a tus amigos o a alguien que la necesite y deshazte de la plancha.

Si ninguno de los dos está a la altura de las tareas del hogar y los fondos lo permiten, pueden llamar al servicio de limpieza sin una punzada de conciencia. Es importante tener en cuenta que esto es una ayuda para cada uno de ustedes, ya que es una responsabilidad compartida.

Involucrar a los niños

Si hay niños en la familia, puedes dejarlos participar en algunas actividades, teniendo en cuenta su edad. Esto no solo reducirá tu carga de trabajo, sino que también les enseñará la responsabilidad y la necesidad de hacer las tareas del hogar. Además, puedes ayudarlos en sus propias relaciones en el futuro: las personas a menudo adoptan los comportamientos que observan en la infancia.

No olvidarse de la gratitud

Es asombroso lo que puede hacer un simple “gracias”. Incluso si una tarea específica se define como responsabilidad de tu pareja, es importante demostrar que respetas su contribución. A la gente le gusta cuando su esfuerzo es apreciado. No subestimes el poder de la retroalimentación positiva.

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