Cómo ayudar a los niños a concentrarse

Es bastante común que los niños de todas las edades tengan dificultades para mantenerse concentrados. Los problemas de concentración pueden tener un gran impacto en su desempeño en el hogar y en la escuela.

Hay muchas razones por las que esto podría suceder, y tras estudiarlas, Ideas en 5 minutos creó una lista de cosas que puedes implementar para ayudar a tu hijo a mantenerse concentrado.

1. Anima a tu hijo a realizar actividades físicas primero

Dejar que tu hijo se mueva y realice actividades físicas ayudará mucho a motivar el cerebro. Así que, antes de que tu hijo se sienta a hacer la tarea o vaya a estudiar, asegúrate de que haya tenido la oportunidad de:

  • saltar, caminar o correr;
  • hacer las tareas del hogar;
  • jugar afuera;
  • ir a la escuela en bicicleta o caminando.

2. Utiliza señales para recordarle que se mantenga concentrado

Cuando tu hijo esté estudiando o haciendo la tarea, haz todo lo posible para evitar conversar. En su lugar, puedes usar señales. Aquí hay algunos ejemplos:

  • Señala su trabajo: le indicará que debe volver a lo que está haciendo.
  • Levanta la mano: podría significar que debe dejar de hacer lo que está haciendo y continuar trabajando.
  • Pon una mano en su hombro, esto puede hacer que vuelva al modo de enfoque.

3. Permítele concentrarse en una tarea específica durante un período de tiempo razonable

Todos los niños tienen diferentes rangos de concentración según su edad. Saber cuánto tiempo tu hijo puede permanecer concentrado te ayudará a mantener su tiempo de trabajo corto pero efectivo. Hacer actividades por más tiempo de lo que puede permanecer concentrado no hará que estudie mejor, solo será una pérdida de tiempo y de nervios para los dos.

La capacidad de atención aproximada de los niños es:

  • 2 años: 4 a 6 minutos
  • 4 años: 8 a 12 minutos
  • 6 años: 12 a 18 minutos
  • 8 años: 16 a 24 minutos
  • 10 años: 20 a 30 minutos
  • 12 años: 24 a 36 minutos
  • 14 años: 28 a 42 minutos
  • 16 años: 32 a 48 minutos

4. Elige un espacio de trabajo adecuado

Muchos niños pueden distraerse con cosas simples, como juguetes, ruidos, demasiada gente en la habitación y espacios desorganizados. Es por eso que debes encontrar un espacio de estudio para tu hijo que le permita trabajar.

Este lugar debería:

  • ser despejado de cualquier desorden innecesario;
  • tener elementos que hacen falta para estudiar (cuadernos, herramientas de estudio, libros de texto, etc.).

Nota: si el problema es en la escuela, habla con el maestro acerca de darle a tu hijo más espacio alejado de otros niños para que no se distraiga fácilmente con los ruidos.

5. Divide las tareas

Puedes ayudar a tu hijo a mantenerse concentrado en las tareas si las desglosas, haciéndolas más manejables. Hacer demasiadas cosas a la vez puede provocar distracción y aburrimiento. Una vez que hagas esto, tus hijos:

  • tendrán una idea clara de lo que deben hacer;
  • sabrán lo que necesitan lograr;
  • estarán más motivados cada vez que completen una tarea pequeña.

Nota: deja que tu hijo tome descansos entre los estudios porque si no lo hace, su atención puede reducirse a cero. Esto ayudará a eliminar la energía adicional e impedirá que se frustre.

6. Velar que hagan una tarea a la vez

Tal vez nosotros, como adultos, disfrutamos de poder realizar múltiples tareas, pero en realidad eso reduce nuestra concentración y el rendimiento se ve afectado. Lo mismo ocurre con los niños. Así que asegúrate de que hagan una cosa a la vez, sin mirar los otros problemas hasta que terminen el que tienen a mano.

Por ejemplo:

  • Los niños más pequeños, pueden concentrarse en cantar el alfabeto mientras miran las letras.
  • Los niños un poco mayores, como los de cuarto grado, pueden concentrarse en un problema de división a la vez.

7. Agáchate cuando hables con tu hijo

Aunque la mayoría de los niños tienen dificultades para mantenerse concentrados cuando realizan tareas escolares u otras actividades, para algunos, mantenerse concentrados cuando tienen una conversación también puede ser un problema. Si tu hijo casi siempre mira hacia otro lado o se da la vuelta cuando le hablas, esto podría significar que no está concentrado.

En este caso, debes hablar con tu hijo estando a su nivel, es decir, agacharte al nivel de sus ojos, y definitivamente evitar hablar con él desde el otro lado de la habitación. Esto lo ayudará a concentrarse mejor porque no tendrá espacio para distracciones y es más fácil prestar atención cuando alguien está cerca.

8. Realicen actividades y jueguen juegos de concentración para atraer su atención

Una excelente manera de ejercitar bien el cerebro de tu hijo (no relacionada con la escuela) es resolver rompecabezas. Este tipo de actividades requieren habilidades de concentración y resolución de problemas, que tu hijo necesita cuando estudia. Además, los juegos como los rompecabezas también son actividades divertidas.

9. Descubre qué entusiasma a tu hijo

En algunos casos, la falta de concentración puede deberse a la ausencia de compromiso. La solución es conectarse con tu hijo trabajando en algo que le interese.

Por ejemplo: si tu hijo tiene que trabajar en el informe de un libro, pero ves que no puede quedarse quieto y leerlo, intenta encontrar un libro diferente sobre un tema que le interese.

10. Descubre el tipo de aprendizaje de tu hijo

Cada niño tiene una forma diferente de interactuar y aprender,descubrir en qué es bueno tu hijo te ayudará a mantenerlo enfocado en su trabajo. Los 3 tipos de aprendizaje comunes son:

Los aprendices auditivos comprenden mejor cuando usan su sentido del oído. Entienden y recuerdan mejor las cosas nuevas cuando se les presentan en voz alta, incluso si eso significa que deben decirlas ellos mismos. Es posible que aprendan mejor cosas nuevas cuando se combinan con sonidos, como aplausos, ritmos de batería o incluso música.

Como ayudar:

  • Motiva a tu hijo para que diga las cosas en voz alta.
  • Enciende audiolibros mientras lee y permite que siga la lectura mientras se pronuncian las mismas palabras.
  • Graba a tu hijo mientras lee una lección y luego enciende la grabación para que la escuche.
  • Deja que tu hijo trabaje en los problemas hablándolos contigo.
  • Si tu hijo necesita memorizar algo, inventa una canción sencilla para él.

Los aprendices visuales captan mejor las cosas cuando su sentido de la vista está involucrado. Muestran interés rápidamente en leer libros con imágenes y pasan bastante rápido a leer libros con texto. Se involucran fácilmente con diagramas claros y colores brillantes y pueden aprender con folletos, demostraciones y videos en el aula. Además, es más fácil para ellos aprender al revisar notas escritas a mano, junto con diagramas, rotafolios y otras ayudas visuales.

Como ayudar:

  • Rodea a tu hijo con libros y verás que se interesará inmediatamente por las historias y las imágenes coloridas.
  • Ten siempre a mano materiales de arte porque son excelentes para las representaciones visuales y el aprendizaje.
  • Permítele crear dibujos que le ayudarán a recordar hechos importantes, comprender el significado de nuevas palabras e identificar los elementos principales de una historia.
  • Ten a mano otras ayudas visuales de aprendizaje que le gusten, como resaltadores, una pizarra y tarjetas didácticas.

El estilo de aprendizaje kinestésico es el más físico de todos. Esto se debe a que absorbe información mediante el movimiento y el tacto. Se trata de la capacidad de sentir el movimiento y la posición del cuerpo. Esto significa que para que tu hijo comprenda las cosas con facilidad, debe sentir, tocar y mover el objeto.

Cómo ayudar:

  • Cuando sea posible, dale a tu hijo cosas para que las sostenga.
  • Usa cubos y bloques de patrones para ayudarlo a aprender matemáticas.
  • Utiliza imanes de letras para practicar la ortografía. Deja que muevan los imanes en el refrigerador.
  • Dale papeles texturizados, bolígrafos y lápices de distintos tamaños.
  • Consíguele una pelota de ejercicio que rebote en lugar de una silla del escritorio. Además, un escritorio de pie podría ser mejor.
  • Usa movimientos como chasquear los dedos o aplaudir cuando practique matemáticas y lectura.
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