Qué tan cierto es que la felicidad está en el dinero

La idea de que el dinero no puede comprar la felicidad ha prevalecido durante años. Los científicos han escrito trabajos en los que se determina que el deseo de ganar más de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas y mantener un estilo de vida cómodo es inútil y, además, conduce a un deterioro del estado emocional. Sin embargo, esos días se acabaron. En la actualidad, existe un creciente cuerpo de investigación que demuestra una directa relación entre el dinero y la felicidad.

En Ideas en 5 minutos analizamos cómo el dinero afecta a nuestro bienestar y por qué no debemos apresurarnos y sacar conclusiones.

No existe una cantidad definida para la felicidad absoluta

En 2021, Matthew Killingsworth, de la Universidad de Pensilvania, publicó un artículo científico donde presentó la tesis de que cuanto más dinero tiene una persona, más feliz es. El estudio analizó no solo el bienestar evaluativo o cómo la gente valora su vida, sino también lo que experimenta una persona a lo largo del día mientras realiza sus actividades diarias.

Anteriormente era popular la idea de que la felicidad requería un cierto nivel de ingresos. Sin embargo, el científico llegó a la conclusión de que no existe un umbral claramente establecido, superando el cual una persona deja de preocuparse por el dinero. Sin embargo, el bienestar depende directamente de los salarios: cuanto más altos son, más control sobre nuestras vidas sentimos.

Durante el estudio del tema, también fue notado que es necesario trazar una línea clara entre las actitudes hacia la felicidad en diferentes individuos. Las personas con ingresos bajos eran más felices si creían que el dinero no era importante, mientras que aquellos con ingresos altos, por el contrario, sentían emociones agradables si creían que el dinero desempeñaba un papel importante.

Más dinero = más oportunidades

Cuanto más bajos sean los ingresos, menos oportunidades tendrás para diversificar tu tiempo libre y adquirir nuevas experiencias. A menudo hay que contentarse con lo mismo, por eso se produce la adicción y el sentimiento de satisfacción aparece cada vez menos.

Un ingreso alto te permite cambiar con frecuencia el tipo de actividades para no obsesionarte con una sola cosa, por lo que cada una de esas tareas evoca nuevas emociones y por eso no se vuelven aburridas. Hay una diferencia definida entre la frecuencia y la intensidad de la felicidad. Cabe destacar que solo el primer parámetro subyace en la relación entre los ingresos y la satisfacción con la vida.

Los científicos han descubierto que los ingresos más altos están relacionados principalmente con la frecuencia con la que las personas experimentan la felicidad y no con la intensidad de esos sentimientos. El ocio pasivo con bajos ingresos reduce la frecuencia, pero no la intensidad del impacto positivo. Es decir, el dinero te permite sentir alegría con más frecuencia, pero no con más fuerza.

El dinero es necesario para corresponder al entorno

La felicidad depende de cuánto tenga una persona en comparación con su entorno. Si es posible mantener el mismo nivel de vida que los demás, el bienestar aumenta considerablemente, lo que resulta en un sentimiento de felicidad. De lo contrario, existe una sensación de insatisfacción.

El término privación relativa se asocia con la falta de recursos para mantener el nivel de vida al que una persona está acostumbrada o animada por su entorno. Nos sentimos infelices por ser privados de algo a lo que creemos tener derecho. Podemos establecernos en una zona con gente rica, pero si no tenemos un auto caro y nuestro vecino sí posee uno, nos preocuparemos.

La privación relativa también afecta a la situación cuando el nivel medio de felicidad de la población no cambia con el tiempo, a pesar de que los ingresos de las personas en todo el planeta estén creciendo. La imposición de un impuesto sobre la renta más elevado a quienes ganan más puede reducir los efectos negativos de este fenómeno sobre el bienestar. También puede explicar por qué los países escandinavos con altas tasas impositivas a menudo encabezan las listas de las naciones más felices.

Un pago único grande no es un boleto hacia la felicidad

Incluso la cantidad más grande de dinero recibido a la vez no puede garantizar la felicidad. Científicos de la Universidad de Estocolmo, la Escuela de Economía de Estocolmo y la Universidad de Nueva York han descubierto que ganar la lotería aumenta la satisfacción con la vida, pero con respecto a la felicidad es un poco diferente. En el curso del estudio se descubrió que los ganadores de un gran premio se consideraban un poco más felices que los perdedores y los que recibieron una pequeña cantidad. Pero esta diferencia era tan pequeña que no tenía significación estadística.

La explicación es que los ganadores de la lotería se están acostumbrando a su nuevo nivel de riqueza y simplemente se están ajustando a un nivel básico de felicidad, lo que se denomina la “cinta de correr hedonista”. Se trata de un fenómeno en el que las personas, independientemente de los cambios que puedan producirse en sus vidas, regresan con bastante rapidez a su anterior bienestar relativamente estable.

Además, nuestra felicidad depende de cómo nos sentimos en relación con nuestros coetáneos. Si ganas la lotería, puedes sentirte más rico que tus vecinos y pensar que mudarte a una mansión en un nuevo vecindario te hará feliz. Sin embargo, luego mirarás por la ventana y te darás cuenta de que todos los nuevos amigos viven en casas grandes y ya no sentirás la misma oleada de felicidad que antes.

Conclusión

Es imposible ganar lo suficiente para tener un sentimiento constante de felicidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Los ingresos altos te brindan la oportunidad de tomar el control de tu vida y aportar variedad a tu rutina diaria, lo que a su vez afecta a tu bienestar general. Pero incluso en este caso, no debemos olvidarnos de la “cinta de correr hedonista”, que tarde o temprano devolverá todo a un curso relativamente tranquilo.

En el caso de la lotería, puede surgir la razonable pregunta: “¿Por qué no gastar el premio en una forma de comprar la felicidad?”. Pero la alegría no es algo que se pueda medir objetivamente, como la altura o el peso. Es algo que se alimenta de simples placeres. No es de extrañar que a veces nos resulte difícil actuar de una forma en la que podamos calcular todo de antemano y asegurar nuestro bienestar absoluto.

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